LA IMPORTANCIA DE DECIR “NO” A LOS NIÑOS

limitesNOVivimos en una sociedad en la que siempre tenemos prisa, vamos corriendo a todos los sitios y nos cuesta mucho sacar un poco de tiempo para disfrutar de nuestra familia o amigos. Ese poco tiempo del que disponemos queremos aprovecharlo y no tener que estar preocupándonos ni discutiendo.

Todo se complica cuando tenemos personas a nuestro cargo, los hijos. Ya no podemos pensar solo en nuestro beneficio, en lo que nos apetece en cada momento, sino que ellos pasan a ser el centro de nuestra vida.  Es muy común escuchar a padres que tras una larga jornada laboral llegan a casa cansados y para que los hijos no lloren o les dejen descansar un rato les permiten hacer, jugar o les compran todo lo que quieran. Estos padres lo único que buscan es que sus hijos sean felices y evitar el conflicto.

La culpabilidad por tener poco tiempo libre para dedicarlo a los hijos es un sentimiento cada vez más común hoy en día. Lo importante no es la cantidad del tiempo que se pase con ellos, sino la calidad de ese tiempo. Es normal estar cansado y tener ganas de relajarse al llegar a casa, sin tener que escuchar quejas, llantos o peleas, pero los niños necesitan límites, hay que decirles que no y enseñarles a afrontar y tolerar la frustración.

Seguro que todos en algún momento hemos observado como algún niño  pedía algo en un supermercado y la respuesta de sus padres era negativa. El niño se ponía a llorar y por no evitar una rabieta accedían a su petición.  Podríamos seguir poniendo ejemplos sobre los límites en los más pequeños, pero mejor vamos a centrarnos en por qué son tan necesarios.

Los niños necesitan que sus padres les pongan límites ya que gracias a estos aprenderán que existen una serie de normas que hay que respetar. Al ponerles límites se les enseña lo que está bien y lo que está mal, así como los riesgos o peligros que existen. Los límites también les enseñan a organizar su vida, a seguir una serie de hábitos que les dan seguridad.

¿Por qué algunas veces cuesta tanto poner límites a los hijos? El estilo educativo ha variado mucho a lo largo de los años, se ha pasado de una crianza basada en la disciplina a una crianza permisiva. Los extremos nunca son buenos, sino que hay que buscar el equilibrio. Los términos disciplina o autoridad hoy en día tienen una connotación negativa, por lo que se intentan evitar. Mientras que la ausencia de límites, el miedo a decirles que no y permitirles hacer lo que ellos quieran está a la orden del día.

Así como es necesario enseñarles a los niños los derechos que tienen, también es igual de importante enseñarles que tienen unas obligaciones que cumplir.  Los padres deben aprender a tolerar que los niños tengan rabietas e intenten así conseguir su objetivo. Los padres deben mantenerse firmes ya que es por el bien de su hijo, aunque éste se enfade, llore, grite o patalee. Es necesario diferenciar cuando el niño está llamando nuestra atención o cuando en realidad le ocurre algo malo.

Los niños están acostumbrados a tener de todo, en cuanto piden algo lo consiguen. Pero la mayoría de las veces lo que de verdad quieren es que se les preste más atención, que aunque los padres no dispongan de mucho tiempo, el poco tiempo que tengan se sienten a jugar o hablar con ellos. Los regalos no sustituyen el cariño ni el tiempo de disfrute con ellos.  Los niños no necesitan tantos juguetes, necesitan que se les diga que no, que se les enseñe que no pueden conseguir todo lo que quieran y que hay una serie de normas.

El hecho de cumplir las normas, de saber que tienen ciertas obligaciones y que no van a conseguir todo lo que pidan les ayuda a enfrentarse al mundo, aprenden a tolerar la frustración y le dan más valor a las cosas. No hay que tener miedo a decir que no ni a que el niño llore, porque están aprendiendo una lección muy importante que les servirá para afrontar los problemas futuros.

Claudia Huelves Pérez

MIEDOS INFANTILES I

miedosEl miedo es una respuesta natural del organismo que se da cuando percibimos que algo o alguien puede ser peligroso o una amenaza.

El miedo es muy útil porque tiene una función adaptativa, ya que nos protege y nos prepara para defendernos o huir.

El miedo forma parte del desarrollo y como tal evitará que los niños corran ciertos peligros. El problema es cuando el miedo deja de ser útil, si aparece sin que exista una causa objetiva o que justifique el estado de ansiedad.

A lo largo del desarrollo de los niños existen algunos miedos, los llamados miedos evolutivos;

– A partir de los 6 meses es común que los niños manifiesten miedo ante personas desconocidas.
– Entre los 2 y los 5 años suelen tener miedo a los ruidos fuertes, los animales, la oscuridad y sobre todo a la separación de los padres.
– A partir de los 7 años tienen miedo a criaturas mágicas (monstruos, brujas…)
– En torno a los 9 años tienen miedo a hacer el ridículo, al rechazo social, a estar solos, al fracaso…

Por lo general estos miedos son comunes y suelen ir desapareciendo a medida que el niño va creciendo. Si no es así pueden llegar a ocasionar ansiedad elevada.

Pautas generales para actuar ante los miedos evolutivos;

–  Lo primero es evaluar si el miedo está dentro de los temores comunes para su edad. Si no es así tenemos que ver qué hay detrás de ese miedo.
–  El miedo que siente el niño es real por lo que no hay que ignorarlo, ni reírse de él.
–  El razonamiento lógico es una de las primeras ideas que se nos viene a la cabeza, pero en estos casos resulta inútil. Lo mejor es que el niño sepa que estamos ahí con él.
–  Los niños son como esponjas, por lo que la forma en la que sus padres o adultos más cercanos afronten el miedo será la forma en la que ellos lo hagan.
– Además de consolar al niño y permanecer a su lado, debemos enseñarle a afrontar ese miedo. En muchas ocasiones la simple presencia del progenitor ayuda al niño a afrontarlo de forma mucho más tranquila y seguro.

Claudia Huelves Pérez

CONTROL DE ESFÍNTERES I: ¿CUANDO ESTÁ PREPARADO?

 

Control de esfínteresEs uno de los aprendizajes más importantes en los tres primeros años. El control es un logro, una conquista que debe realizar el propio niño aunque los padres sois fundamentales en este aprendizaje y por ello, es importante  saber cuál es el momento adecuado para iniciarlo.

Tenemos que tener en cuenta que en la adquisición de este control intervienen varios procesos:

  • Es necesario que se produzca una maduración a nivel fisiológico. Los músculos más importantes que intervienen en el proceso son los esfínteres, normalmente la capacidad en el niño para poder controlar voluntariamente estos músculos sucede entre los 24 y los 30 meses como promedio. Debemos saber que las diferencias en esto entre los niños puede ser muy grande.
  • Es necesario que exista un control cortical para que se pueda aprender el necesitar orinar, es decir, para pasar de una función refleja a un control voluntario.
  • Debe existir un proceso de enseñanza supervisado, que ayude al niño a discriminar y distinguir las sensaciones que le indican que necesita hacer pis y entender cuál es el momento y el lugar adecuado para hacerlo.

El control de esfínteres suele ser para los niños y los padres un periodo de cierta tensión, esta tensión se agudiza para los padres cuando el niño tarda en lograrlo y para el niño cuando tiene que soportar exigencias y reproches cuando no responde a las expectativas de los padres. Esta capacidad se adquiere entre los 2 y 3 años, si con 5 años no ha aprendido a controlarlos, conviene buscar ayuda profesional. Se trata de un proceso gradual que empieza por el control durante el día y posteriormente durante la noche. A los 4, la mayoría de los niños habrán aprendido a controlarlos. Aun así, puede aparecer algún accidente.

Hay algunas manifestaciones de los niños que nos indican que ya tiene la madurez necesaria para lograrlo:

  • Cuando el niño comienza a permanecer seco en el día, durante dos o tres horas seguidas.
  • Cuando notamos que el niño hace una pausa breve durante el juego para hacer pis. Esto revela que conoce las sensaciones de su cuerpo que posteriormente le indicarán que es hora de hacer pis.
  • El niño imita muchas conductas adultas, como cepillarse los dientes o usar un tenedor. Está aprendiendo a vestirse y desvestirse y trata de hacer cosas sin ayuda.
  • Debe ser capaz de permanecer sentado al menos 2 o 3 minutos mientras le hablan o leen.
  • Que sea capaz de prestar atención mientras le contamos un cuento cortito.
  • Que distinga las partes de su cuerpo.
  • Comprender y seguir ciertas normas sencillas como “siéntate”, “tócate la nariz”…
  • Empezar a comprender la ubicación espacio-tiempo, dentro-fuera.
  • Tener equilibrio suficiente para poder sentarse y levantarse solo del orinal.
  • Que el niño sea capaz de expresar verbalmente o con gestos su deseo de hacer pis, o que busque al adulto si se siente manchado.
  • Se siente incómodo con pañales, intenta quitárselos o prefiere estar sin ellos.

A medida que el desarrollo físico del niño lo permita, y con la ayuda de los padres, el niño empezará a controlar las esfínteres (pis o caca) hasta lograr que su acto reflejo se convierta en una acción voluntaria. Resulta de vital importancia que los padres tengáis presentes que para conseguir el control de esfínteres el niño, debe estar preparado, el hecho de adelantarle el aprendizaje o dejar pasar el momento óptimo para hacerlo traerá dificultades.

Laura Plaza Sacarrera