LA AUTOESTIMA III, ATRÉVETE A SER TÚ MISMO

Mejorar-la-autoestimaYa hemos hablado en otras ocasiones sobre la autoestima, centrándonos en la parte teórica, qué es, en qué partes de nuestra vida se ve reflejada, la importancia de ésta  a la hora de relacionarnos…

En este último apartado sobre la autoestima os quiero dejar un pequeño relato para reflexionar, sobre la importancia de ser uno mismo. Dejar a un lado el miedo, los complejos, y atreverse a mostrarse tal y como uno es, con sus defectos y sus virtudes.

<<Tang era un pequeño obrero en un reino del Lejano Oriente. Trabajaba el cobre y fabricaba magníficos utensilios que vendía en el mercado. Tenía una vida feliz y una alta autoestima. Tan solo le quedaba encontrar a la mujer de su vida y formar una familia.

Un día, un enviado del rey llegó para anunciar que Su Majestad deseaba casar a su hija con el joven con mayor autoestima del reino. En el día estipulado, Tang se dirigió al palacio y se encontró con cientos de jóvenes pretendientes.

El rey los miró a todos y les pidió a su chambelán que les diese a cada uno cinco semillas de flores.  Después, les rogó que regresaran en primavera con una maceta de flores salidas de las semillas que había hecho que les dieran.

Tang plantó los granos, los cuidó con esmero, pero de allí no salió nada, ni brotes, ni flores. En la fecha convenida, Tang cogió su maceta sin flores y partió hacia el castillo. Cientos de pretendientes llevaban macetas con flores magníficas, y se burlaban de Tang y su maceta de tierra sin flores.

Entonces, el rey pidió a cada uno de ellos que pasaran ante él para presentarle sus macetas. Tang llegó, algo intimidado ante el rey; “No germinó ninguna de las semillas, majestad”, dijo. El Rey respondió; “Tang, quédate junto a mí”.

Cuando todos los pretendientes hubieron desfilado, el rey los despidió a todos salvo a Tang. Anunció a todo el reino que Tang y su hija se casarían el verano próximo. ¡Fue una fiesta extraordinaria! Tang y la princesa estaban cada vez más enamorados el uno del otro. Vivían muy felices.

Un día Tang le preguntó al Rey; “Majestad ¿cómo es que me escogiste como yerno si mis semillas no habían florecido?”, “¡Ninguna semilla podía florecer, hice que hirvieran durante toda una noche! Y tú fuiste el único en tener bastante autoestima y consideración hacia los demás para ser honesto. ¡Era un hombre así el que yo quería como yerno!”>>

A lo largo de nuestra vida nos ocurrirán infinidad de cosas buenas, pero también es muy probable que no consigamos todo lo que queremos, que nos ocurran cosas injustas, que perdamos las esperanzas y las ganas. Que tengamos momentos de debilidad, en los que pensemos que no somos capaces de conseguirlo, que si tuviésemos otras cualidades todo iría mejor. Si fingiésemos ser lo que no somos quizá conseguiríamos la aprobación de los demás, ese trabajo que tanto queremos…

Al fin y al cabo nosotros mismos somos nuestros peores enemigos, somos capaces de destruirnos con pensamientos negativos, haciéndonos sentir cada vez más y más pequeñitos.

Nos da miedo, vergüenza, mostrarnos tal y como somos, ya que la mayoría de las veces solos nos centramos en los errores que cometemos, siempre vemos el vaso medio vacío, en vez de medio lleno.

Y si por una vez nos sentimos orgullosos de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que podemos conseguir. Vamos a intentar ser como Tang, en el relato, ser sinceros, no solo con los demás, sino con nosotros mismo que es más importante.

Claudia Huelves Pérez

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *