LA AUTOESTIMA

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La autoestima es una actitud positiva hacia uno mismo, que consiste en conducirnos de la forma más sana y feliz que podamos, teniendo en cuenta el momento presente y también el futuro. La autoestima es el resultado de la opinión que una persona tiene de sí misma (de su aspecto físico, de sus aptitudes, de sus éxitos profesionales y personales).

La autoestima implica diversos factores, que se resumen en:
– Conocernos a nosotros mismos
– Aceptarnos incondicionalmente
– Atender y cuidar nuestras necesidades psicológicas y físicas

 

Desde pequeños se empieza a construir el concepto que tenemos de nosotros mismos, en función de cómo creemos que nos ven los demás. Nos vemos reflejados, como en un espejo, en lo que nos manifiestan quienes nos rodean y aprendemos a valorarnos en la medida en que nos sentimos valorados por ellos.

Por tanto, la aceptación por parte de los padres o de las personas más significativas es una necesidad para el niño, ya que la necesita para construir y mantener su autoestima.

Si los niños no sienten el apoyo de los padres, su autoconcepto y por lo tanto su autoestima se ve mermada. Piensan que no son capaces, que no son lo suficiente, se sienten inferiores. Según vamos creciendo, somos nosotros solos los que tenemos que seguir forjando nuestra autoestima, sin necesidad de depender de las opiniones de los demás. Esto no quiere decir que las opiniones de nuestro entorno tengamos que ignorarlas, simplemente tenemos que analizarlas y sacar lo positivo de ellas.

No somos conscientes de la importancia y de la fuerza que tienen los pensamientos negativos en nuestro día a día. Si creemos que lo vamos a hacer mal, tenemos más posibilidades de hacerlo mal.

Cuando nuestra autoestima está baja, no nos valoramos, o lo hacemos mal. Nos sentimos incapaces de controlar nuestras emociones, de hacer frente a nuestros problemas y entramos en un bucle de pesimismo.

Tenemos que centrarnos en nuestras cualidades, que la mayoría de las veces las olvidamos con facilidad centrándonos sólo en nuestros defectos.

Es inevitable que pensemos en los errores que hemos cometido o los defectos que tenemos, pero en lugar de compadecernos, debemos buscar soluciones a ellos, intentar mejorar.

Las comparaciones son un error muy común hoy en día, las hacemos de forma automática. No nos damos cuenta de que cada persona es diferente, no hay dos personas iguales, por lo tanto las comparaciones no tienen sentido.

Tenemos que sentirnos orgullosos de ser únicos e irrepetibles y querernos cada día un poco más, porque nos lo merecemos.

Claudia Huelves Pérez

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