LA ENVIDIA

5-perjuicios-que-trae-a-tu-vida-el-sentir-envidia>>Una serpiente estaba persiguiendo a una luciérnaga. Cuando estaba a punto de comérsela, ésta le dijo: “¿Puedo hacerte una pregunta?” La serpiente respondió: “En realidad nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú te lo voy a permitir.”. Entonces la luciérnaga preguntó: “¿Yo te he hecho algo?” “No” respondió la serpiente.  “¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?”, preguntó la luciérnaga. “No”, volvió a responder la serpiente. “Entonces, ¿por qué me quieres comer?”, inquirió el insecto. “Porque no soporto verte brillar”, respondió la serpiente.<<

La envidia es una emoción que no sólo implica desear algo que otra persona tiene, sino que también esconde una insatisfacción y una queja permanente. 

La envidia es una emoción que lentamente va destruyéndote, sin que te des cuenta va generando enfado, rabia, tristeza… Por lo general, este sentimiento surge como una necesidad de tener algo que creemos que necesitamos para ser felices, pero que no lo hemos conseguido.

La baja autoestima está relacionada directamente con la envidia ya que provoca que las personas no acepten ni valoren sus virtudes y todo lo bueno que tienen alrededor, sino que siempre se comparen con los demás, valorando más lo del otro que lo propio.

Las personas envidiosas se pasan el día opinando y juzgando a los demás, en lugar de centrarse en intentar alcanzar sus objetivos.

La envidia nos transforma en seres intolerantes respecto al éxito de los demás, sufrimos por tener menos dinero, por tener un puesto inferior en el trabajo, por no tener pareja, por no tener tanto tiempo libre, al fin y al cabo por ser menos felices que los demás. Quien vive centrándose siempre en tener “mayor cantidad” que los demás lo único que va a conseguir es obtener el papel de víctima, perder su tiempo intentando parecerse a los demás en vez de disfrutar lo que ya tiene.

Es muy normal que la gente diga que sí que son un poco envidiosos, pero suelen matizar diciendo que lo que tienen es una envidia sana, no enfermiza.

Nos estamos centrando en la envidia enfermiza, que es la que trae problemas y nos hace infelices, pero también hay que hablar de la envidia sana. La envidia sana es aquella emoción que reconoce que la otra persona ha conseguido tener algo que nosotros anhelamos, pero que si lo ha conseguido es porque se habrá esforzado para ello. Este tipo de envidia no provoca dolor ni frustración, sino todo lo contrario. Cuando alguien tiene envidia sana pone todo su empeño, se esfuerza por mejorar e intentar conseguir eso que tanto desea, sin tener que perjudicar a los demás.

Es muy importante diferenciar los dos tipos de envidia que hay, no es lo mismo admirar lo que tiene el otro y esforzarse para conseguirlo, que frustrarse pensando que nunca lo conseguirá y que sin eso no será feliz. El hecho de soñar, de querer conseguir algo y marcarse unos objetivos hace que la persona se esfuerce para ser cada día un poco mejor. Las limitaciones solo existen en nuestra mente y la felicidad depende de nosotros mismos, no de lo que tenemos. Una autoestima sana se basa en una satisfacción personal, en no buscar el reconocimiento ajeno ni la aprobación de los demás.

Seguro que todos hemos escuchado alguna vez que las comparaciones son odiosas, y en realidad es cierto. Compararnos con los demás no es beneficioso para nuestra salud mental, porque hace que nos adentremos en una profunda insatisfacción o en una competición que probablemente acabe mal. No es necesario competir con los demás, ni tener que conseguir lo que ellos tienen, hay que buscar en qué cosas podemos mejorar.

¿Por qué en vez de admirar y celebrar el éxito del otro tendemos a envidiarle? Es necesario aprender a celebrar los éxitos ajenos, cada logro de otra persona puede ser interpretado como un desafío, como una fuente de inspiración.

¿Por qué no intentamos darle un giro de 180 grados a esa envidia que tanta frustración, enfado y tristeza nos provoca? Vamos a intentar inspirarnos con los logros de los demás, y no centrarnos sólo en el objetivo final. Es necesario conocer el proceso, las diferentes acciones que hay que llevar a cabo para poder obtener esos resultados. A lo mejor nuestro compañero de trabajo ha recibido un aumento de sueldo y lo primero que se nos viene a la cabeza es que nos morimos de envidia, que nosotros también queremos eso. Pero debemos reflexionar y pensar qué ha hecho él para recibirlo, a lo mejor lleva mucho más tiempo que nosotros trabajando en la empresa, o estos últimos meses se ha esforzado más, ha trabajado más horas…

Os propongo que cambiemos la envidia por la admiración. Envidiar es decir “te miro para destruirte”, admirar en cambio es decir “ te miro para aprender cómo lo has logrado”.

Si conseguimos dejar a un lado los sentimientos negativos, y empezamos a admirar en vez de envidiar llegará el momento en el que la serpiente no se quiera comer a la luciérnaga, sino que encontrará el modo de brillar con luz propia.

Claudia Huelves Pérez

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