LA HISTORIA COMO JAMÁS NOS LA HAN CONTANDO, LA HISTORIA SIN PREJUICIOS

La historia como jamás nos la han contado¿Alguna vez te has parado a pensar que la historia que siempre nos han contado, podría ser de otra manera?

Hoy hago un reclamo de esta historia y de muchas otras que nos encontramos en nuestra vida cotidiana, hoy hago una reivindicación  a la otra cara de los relatos, invito a conocer todas las perspectivas de un mismo suceso, hoy pretendo hacer una llamada de atención a los prejuicios y a las malas interpretaciones.

Para ello aquí os expongo dos fragmentos de la misma historia, dos perspectivas muy diferentes  de lo que ocurre realmente, sin embargo, hasta hoy, habíamos pensado que había una única forma de entender el cuento.

Los tres cerditos y el lobo

Perspectiva de los cerditos:

En una fría mañana de invierno  en la que la tormenta no cesaba y el viento soplaba con fuerza, estaban los tres cerditos resguardados cada uno en su casa. Un lobo con tan malas pintas como intenciones aporreo la puerta del primer cerdito, el cual asustado no se atrevió a contestar, el malvado lobo insistió e insistió y al no obtener respuesta soplo y soplo hasta derrumbar la casita del pobre cerdito. El cerdito huyó despavorido a casa de uno de sus hermanos para conseguir guarecerse del malvado y violento lobo. En la casa del segundo cerdito aguardaron con la esperanza de que el lobo no volviera a aparecer, pero rápidamente se empezaron a oír golpes en la puerta y gritos aterradores de una voz muy grave y fuerte, los cerditos invadidos por el miedo prefirieron no contestar y el lobo volvió a soplar y soplar hasta que derrumbo la casa de madera. Los dos cerditos muy asustados por el perverso lobo que se los quería comer, corrieron a casa de su otro hermanito. Una vez en la casa de ladrillo el lobo volvió a golpear con fuerza la puerta pero esta vez la casa de ladrillo no se derrumbó a pesar de que el lobo insistía e insistía. Finalmente, los cerditos celebraron su triunfo al ver que el lobo malvado huía despavorido por no haber conseguido derrumbar la casa.

Perspectiva del lobo:

En una fría mañana de invierno  en la que la tormenta no cesaba y el viento soplaba con fuerza, el lobo sobrevivía a duras penas el temporal, se le erizaba el pelo y la voz se le ponía ronca y fuerte. Intentando buscar un refugio donde guarecerse de la lluvia vio a lo lejos como una pequeña casita de paja estaba inestable ante el fuerte vendaval, decidió que aunque tenía pocas fuerzas iría a avisar al dueño de que corría peligro. Una vez en la casa, llamó y llamó y no obtuvo respuesta, no se quiso marchar porque veía a un pequeño cerdito dentro de la casa y parecía tener mucho miedo, así que esperó por si necesitaba su ayuda. Finalmente la casa salió volando por el fuerte viento y aunque con dificultad por la lluvia, el lobo vio como el cerdito corría a una casita de madera que había cerca. Observó de nuevo que esa casita también corría peligro por el temporal así que fue a ofrecer su ayuda, llamó y llamó a la puerta pero no le abrieron, de nuevo vio que dentro de la casita había dos cerditos aterrados así que decidió esperar por si necesitaban su ayuda. Al final, la casita de madera también salió volando. El lobo vio como los dos cerditos corrían a una casa de ladrillo la cual, se veía muy estable y sin peligro por lo que, pensó que sería un buen refugio para pasar el fuerte temporal. Se dirigió a la casa con intención de pedir auxilio pero no le abrieron la puerta, insistió e insistió desesperado por su vida, pero no le abrieron y sin fuerzas y rendido, decidió dejarse arrastrar por el fuerte viento.

La primera parte, la perspectiva de los cerditos la conocíamos a la perfección, pero ¿Y la segunda parte? La otra perspectiva no se conoce y por tanto creímos que conocíamos la verdad absoluta de la historia, nadie se había parado a pensar cual era la versión del lobo, nos sentimos muy cómodos creyéndonos lo que todo el mundo nos contaba. Bien, pues esto ocurre en nuestra vida diaria, sucede con mucha más frecuencia de la que imaginamos. Vivimos en una sociedad contaminada por los prejuicios, los estereotipos y las malas interpretaciones. Con facilidad  todos podemos recordar una historia en la que al conocer la otra versión nos sorprendimos mucho, es normal, cada uno contamos nuestra versión de los hechos desde nuestra perspectiva, la cual es absolutamente lícita pero no tiene por qué ser absolutamente autentica. Al narrar un suceso o una historia añadimos una serie de connotaciones que tiñen la verdad de lo sucedido, por eso, antes de juzgar es imprescindible conocer todas las perspectivas de la historia, de esa manera podremos hacernos una idea global de lo ocurrido.

Habitualmente, abusamos de dar consejos que no nos han pedido, de interpretar historias que no conocemos, nos permitimos resolver problemas que no nos pertenecen y muchas veces lo hacemos desde los prejuicios y las malas interpretaciones. Entendamos que no podemos, de un plumazo, resolver el problema de una persona con el que ya lleva mucho tiempo luchando, si esa persona no ha podido, ¿Qué nos hace pensar que nosotros sí? Pues bien, nos lo hace pensar la falta de perspectiva, el desconocimiento y la ausencia de empatía. Pensamos que sabemos lo que le ocurre e incluso que hemos vivido algo parecido, pero para poder saber a lo que  se enfrenta alguien tendríamos que levantarnos siendo esa persona, vivir su día a día, afrontar sus dificultades y vivir bajo sus condiciones. Nos resulta muy fácil hablar de los demás desde nuestra perspectiva de vida y nos olvidamos de atender que cada persona libra una ardua batalla y permitirnos hablar de ella con ligereza es permitirnos un lujo que no nos pertenece.

A nadie nos gusta que nos hablen de nuestros problemas relativizándolos, son nuestros problemas y, por tanto, son importantes para nosotros. Normalmente esta situación se da con la mejor de las intenciones, pretendemos ayudar al otro minimizando sus problemas o hablándole de lo graves que son los nuestros y no nos damos cuenta del error que eso supone. Si queremos ayudar a alguien que se enfrenta a una situación aversiva, no demos un tirón de su brazo imponiéndole nuestra solución,  ofrezcámosle nuestro brazo para ir a su lado acompañándole en su lucha, que no se sienta solo, que no decaiga, que siga en el camino, que persista, pero bajo sus condiciones, su situación y su perspectiva.

Resulta sencillo hablar desde nuestro cómodo sofá de los problemas que ocurren a miles de kilómetros, nos sentimos poderosos dando solución a las dificultades de los que nos rodean, decidimos y sentenciamos qué y qué no deberían de hacer los demás para resolver sus conflictos. Y lo hacemos sin conocimiento, sin perspectiva, sin saber.

Si queremos ayudar a alguien intentemos no juzgar, procuremos no interpretar su vida bajo nuestra propia perspectiva, evitemos dar soluciones banales a sus dificultades, probemos a limitarnos a  escuchar, apoyar y acompañar. Nadie se siente más entendido que cuando le dicen “te entiendo”, dejemos a un lado la necesidad de resolver y organizar la vida de los demás, entendamos que solo cada persona conoce bien sus posibilidades, sus dificultades y sus condiciones.  Intentemos no juzgar ni dejar que nos juzguen, no olvides que el lobo también tenía su versión. ¡Vamos a procurar vivir nuestro día a día, a librar nuestras propias batallas, lidiar contra nuestras adversidades, disfrutar de nuestros triunfos y celebrar lo conseguido! y para los que caminan a nuestro lado, nuestro apoyo, respeto y cariño, sin dejar que se rindan, procurando que persistan, pero siempre como ellos decidan, quieran o puedan.

A QUIÉN JUZGUE MI CAMINO QUE SE PONGA MIS ZAPATOS, SE CAIGA DONDE YO ME HE CAÍDO Y SE LEVANTE COMO YO ME HE LEVANTADO.

No digo que sea fácil, digo que podemos intentarlo.

Laura Plaza Sacarrera

 

10 Comments

  1. Hola Laura,

    me encantan tus historietas y enseñanzas. Es cierto, que a veces nos metemos donde no nos llaman en la vida de los demás, (de nuestros mejores amigos, muchas veces). Pero a mi me parece difícil no opinar o aconsejar, si lo hago por ayudar.
    Muchas gracias, enhorabuena por tu página.

    Saludos,
    Bea

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    • Muchas gracias Bea, agradezco mucho tus palabras. Estoy de acuerdo contigo, muchas veces no es fácil. Un abrazo fuerte.

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  2. Cuanto necesitamos para superar nuestras dificultades, sentirnos no juzgados. Y cuanto necesitamos sentirnos “escuchados, apoyados y acompañados”. Gracias por tu comentario.

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    • Totalmente de acuerdo. Un abrazo

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  3. Gracias por este post tan valiente e intimista.
    Muchas veces al ver sufrir a alguien que quieres de verdad, nos lanzamos a dar (y en ocasiones casi hasta imponer) consejos, lo hacemos con nuestra mejor intención, pero no nos paramos a pensar que lo que vale para nosotros no tiene por qué servir a los demás. Una brillante reflexión, no se podía haber explicado mejor. ¡Enhorabuena!

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    • Muchas gracias por apreciar mis palabras, felicito tu capacidad de reflexión. Un abrazo

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  4. Como siempre una vez más nos haces poner los pies en la tierra con algo que todos hacemos sin darnos cuenta, juzgar a los demás.
    Gracias por la reflexión

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    • Agradezco mucho tus palabras, un placer Gloria. Un abrazo

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  5. Muchas gracias por tu artículo. Excepcional.

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    • Muchas gracias a ti Débora. Un abrazo

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