PROCRASTINACIÓN (Ya lo haré mañana…)

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Probablemente si escuchamos la palabra “procrastinación” no sepamos de qué nos están hablando, pero si nos hablan de la tendencia a posponer las tareas que nos resultan aburridas, complejas, que nos generan miedo, pereza… ahí no tendremos ninguna duda ya que todos los hemos hecho o hacemos a menudo.

El hecho de posponer tareas no tiene por qué ser un problema en sí, pero si lo hacemos de forma bastante frecuente sí que tendremos que analizar qué es lo que estamos haciendo y las consecuencias que esto tiene.

Por todos es conocido el refrán “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, pero hay gente que ha reformulado el refrán a su gusto, y lo ha transformado en “Deja para mañana lo que puedas hacer hoy”. Como hemos dicho anteriormente, posponer algunas tareas no tiene por qué ser malo, pero si empezamos a tomar decisiones en nuestra vida en función de lo que queremos evitar en vez de tomarlas en función de lo que queremos hacer…sí que tenemos un problema.

Hay numerosas tareas o situaciones en las que es más común llevar a cabo la procrastinación;

  • Tareas domésticas, hacer la compra, planchar, limpiar…
  • Empezar una dieta, ir al gimnasio, dejar de fumar
  • Afrontar un problema o conflicto con alguien, estudiar el día antes del examen

Al procrastinar, posponer alguna tarea, a corto plazo nos produce una sensación de alivio, de bienestar. En cambio a medio plazo, empieza a aflorar el malestar por haber evitado esa tarea o problema y saber que todavía está pendiente.

A medio o largo plazo, la persona empieza a experimentar una sensación de caos, de no poder llegar a todo, tener numerosas tareas por completar y esto puede provocar inseguridad, sentimientos de inferioridad, estrés…

Sabemos que antes o después vamos a tener que enfrentarnos a esa situación o tarea que hemos estado evitando, teniendo en cuenta que el alivio al posponerla es algo momentáneo y que los sentimientos de culpa, malestar, insatisfacción siempre terminan apareciendo y en mayor medida ¿por qué seguimos aplazando tareas?

Se han realizado varios estudios sobre la procrastinación y se ha llegado a la conclusión de que existe una relación entre el retraso de las tareas y la impulsividad. Se busca el beneficio a corto plazo.

La forma de abordar la procrastinación es muy parecida a la forma en la que se trabaja para controlar la impulsividad. En vez de focalizar la atención en la meta a largo plazo, una posible solución es dividir esa tarea en otras más pequeñas. Es decir, transformar una tarea en varias tareas más sencillas, que hay que ir completando para obtener el resultado final.

Por ejemplo tenemos que hacer limpieza general en casa, pero nunca encontramos el momento perfecto para empezar, siempre nos da pereza ya que es una tarea que nos requiere bastante esfuerzo y tiempo. En vez de centrarnos y visualizar que tenemos que limpiar toda la casa, vamos a empezar a dividirla por estancias. Por ejemplo vamos a empezar por la cocina, y nos olvidamos del resto de la casa. En la cocina nuestro primer objetivo va a ser limpiar los azulejos, una vez que hayamos terminado empezaremos por las encimeras y los electrodomésticos…y así hasta completar la cocina entera. Una vez que hemos terminado con la cocina nos centramos en otra habitación y llevamos a cabo el mismo proceso. También podemos apuntar en una hoja lo que queremos limpiar en cada habitación de la casa y cada vez que lo terminemos ir subrayándolo o haciendo un tic al lado. El hecho de ir viendo las tareas que vamos completando nos ayuda a motivarnos ya que cada vez queda menos para terminar y también nos sentimos orgullosos de ver lo que ya hemos completado.

Plantarle cara a la procrastinación no significa que no podamos aplazar ninguna tarea, ya que esto nos puede provocar ansiedad o estrés por tener que realizar todas las tareas en un corto intervalo de tiempo. El objetivo es que nosotros seamos los dueños de neustra vida y de las decisiones que tomamos. Tenemos que pararnos a pensar si lo que vamos a hacer o la decisión que vamos a tomar es porque queremos o porque estamos evitando enfrentarnos a algo. Si la evitación nos provoca un alivio inmediato pero un malestar a medio plazo mucho mayor que el alivio de antes…tenemos que ponernos las pilas y no volver a retrasar esa tarea.

Vamos a pensar en el bienestar y la satisfacción que nos provoca haber sido capaces de terminar una tarea que nos resultaba pesada, compleja…y que pretendíamos evitar. ¡Porque si se quiere se puede!

Claudia Huelves Pérez

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