SÍNDROME DE PETER PAN

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El Síndrome de Peter Pan es definido como un conjunto de características que sufre una persona, generalmente un hombre, que no sabe o no quiere aceptar las responsabilidades y obligaciones propias de la edad adulta. Esto le impide ejercer ciertos roles, como pareja, padre…que se esperarían debido a su ciclo vital o circunstancias personales.

Todos conocemos la historia de Peter Pan y su mundo de fantasía, pero las personas que padecen este síndrome, aunque quieran, no viven en ese mundo.

Los síntomas más típicos de este síndrome son el miedo al compromiso, miedo a la soledad, una gran inseguridad, irresponsabilidad, comportamiento infantil… Es común encontrarse con personas que la primera impresión que dan es de alguien seguro y arrogante, pero es solo una máscara que esconde una baja autoestima e inseguridad.

Es fácil distinguir a una persona son este síndrome, ya que son adultos con comportamientos típicos de los niños o los adultos, son incapaces de asumir la responsabilidad de sus actos.

Estas personas suelen mostrarse de forma narcisista, egocéntrica, lo único que les importa es recibir, nunca dar o preocuparse por los demás.  Todo esto se completa con el gran miedo que tienen a la soledad, necesitan estar con alguien, pero a la vez detestan el compromiso.

Consideran que las personas de su entorno deben vivir por y para ellas. Como son incapaces de asumir responsabilidades, no toleran la frustración. Se quejan de las cosas que les suceden pero nunca van a asumir que ellos tienen la culpa, siempre buscan un culpable externo. Tampoco intentan hacer nada por mejorar su situación, sólo se quejan y esperan que alguien lo haga por ellos.

Por lo tanto, las personas que padecen este síndrome pueden llegar a tener niveles elevados de ansiedad y de tristeza, así como un gran problema de autoestima.

En cuanto a las causas de este síndrome, se puede hablar de varios factores (rasgos de personalidad, resolución de problemas, estrategias de afrontación…). El factor más importante es el que tiene que ver con la infancia, en muchos casos una infancia excesivamente feliz, alejada de cualquier tipo de problema, o todo lo contrario, una infancia triste, sin afecto. En el primer de los casos, con una infancia excesivamente feliz y alejada de la realidad, lo que busca la persona es volver a vivir esos momentos, quedarse anclado en la infancia para ellos es la forma de sentirse bien. Cuando la persona ha tenido una infancia muy triste y sin afecto, lo que busca es recuperar ese tiempo perdido, por lo que intenta comportarse y vivir lo que tendría que haber vivido.

La forma de prevenir este síndrome es que los niños desde pequeños asuman responsabilidades (ajustadas a su edad), que se les enseñen estrategias de solución de problemas y se les permita llevarlas a cabo. Por alejar al niño de toda frustración, problema, dificultad…no le estamos ayudando, sino todo lo contrario.

Lo ideal es educar a los más pequeños de forma que el amor incondicional se combine con la responsabilidad, los derechos y las obligaciones propias de cada edad.

Claudia Huelves Pérez

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